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Desde la Dirección Nº 37

“Yo quiero como maestro… no un sabio, pero si a un hombre que se distinga por su educación, por la pureza de sus costumbres por la naturalidad de sus modales, jovial, accesible, dócil, franco; en fin… en quien se encuentre mucho que imitar y poco que corregir”.
Simón Bolívar


  1. Para cumplir la misión que la sociedad le ha entregado al maestro, este debe saber que tiene que poseer dominio pleno del fin y los objetivos de la educación.
  2. Cuando un maestro cruza la puerta de su salón de clase, comienza la fiesta de su amor y vocación por el conocimiento, siendo muy consciente que como ser social tiene sus propias posiciones ideológicas, pero en su labor docente debe cuidar la imposición y la manipulación desde su punto de vista.
  3. Una acertada formación prepara a los estudiantes para una relación de ciudadanía participativa y responsable.
  4. La personalidad del maestro influye en la personalidad del estudiante para asumir con éxito la labor profesional y social asignada.  El maestro debe expresar su orgullo de ser ciudadano, miembro activo de una familia, comunidad, región y nación; creyente comprometido con el que más lo necesita.  Todo lo anterior respaldado en la argumentación moral de su comportamiento.

“El maestro San José de Las Vegas cultiva las facultades, la capacidad del juicio, el sentido de los valores, prepara para la vida el servicio incondicional, la tolerancia y solidaridad”.